Lecciones
Lección VI:
Los
tonos narrativos II
Comentábamos
en la sesión pasada que el tema de los tonos narrativos es largo y
profuso. Y debemos añadir ahora: también lo es vital para el escritor.
Si se han seguido las pautas señaladas y, fundamentalmente, se ha
comprendido a necesidad de encontrar un lenguaje propio, un modo de
contar que se adecue a cada historia, entonces estamos listos para
continuar.
No
podemos olvidar que en un relato, por breve que éste sea, siempre es
una voz la que cuenta lo ocurrido, aunque en algunos casos puedan ser
varias que se van sucediendo en el relato. Es menester pues adoptar la
entonación más apropiada para cada historia y para cada personaje de
la historia.
Las
distintas entonaciones en una narración
Al
elegir un tema es imprescindible imaginar cómo reaccionarán los
personajes que van a tomar parte de ella: incluso si se diera la extraña
circunstancia de que no concurriera ninguno —y nos limitásemos a
hacer una descripción de las cosas—. Ese narrador omnisciente que
avanza como un demiurgo por las páginas elaboradas y literalmente
construye el mundo en el que se disponen los hechos, también requerirá
una forma de contar. Semánticamente y en atención a su significado,
las oraciones registran una entonación propia que
las hace peculiares. Estas pueden ser imperativas cuando
exhortan o indican una orden; enunciativas, toda vez que afirman o niegan aquello que nos
comunican; dubitativas,
cuando expresan vacilación o duda sobre lo que se dice; interrogativas, cuando se plantean como el deseo de absolver una
cuestión; desiderativas, al
formularse como la expresión de un deseo,
y exclamativas,
siempre que expresen emociones de manera vehemente.
Escuchar los matices de
las voces
He
aquí el asunto: cada persona habla de manera peculiar y además la
misma voz sufre alteraciones mientras relata. El narrador debe escuchar
con atención ese peculiar registro de las voces para poder trasladarlo
al papel. Así, muy pronto encontraremos que hay voces que demandan y
otras que juzgan, voces que dudan, voces que amenazan, voces que
sospechan, que insultan, que afirman, que niegan, que exageran, que
explican, simulan, imploran y balbucean; hay otras que ríen, que son
melancólicas o adustas: hay un larguísimo catálogo de voces
reverberando a nuestro alrededor y que debemos procurar escuchar con
atención para llevarlas, en atención al tono de la narración, a
nuestro relato. Ahora bien, podemos trasladar todos estos tonos al
relato en general, dándole un matiz
propio y particular
a la historia.
Ejemplo
de lo dicho
La
propuesta de la semana
Para la próxima semana busquemos algún pasaje breve de un cuento en
que hallemos alguno de estos tonos: humorístico, dubitativo, hipotético
o imperturbable. Lo transcribimos y lo enviamos explicando por qué nos
parece ejemplo del tono que le hemos encontrado.
La
siguiente propuesta tiene más que ver con nuestra propia creación y
consiste en crear un pequeño
relato narrado con un tono dubitativo, o, si se prefiere, en un tono
hipotético.
Hasta
la próxima
Qué
las hace peculiares
Oración imperativa: Ve a comprar cigarrillos.
Oración enunciativa: Estuve
todo el día frente al mar. (afirmativa) No iré a tu casa. (negativa)
Oración dubitativa: Tal vez mañana llueva.
Oración interrogativa: ¿Podré quedarme esta noche?
Oración desiderativa: ¡Qué daría por comprarme ese abrigo!
Oración
exclamativa: ¡Basta
ya de tanto rollo con las oraciones!
volver
a la lección
Ejemplo
de lo dicho