Lecciones
Lección IV: El estilo. Claridad, Naturalidad, Concisión
Qué
es el estilo
Una
de las preocupaciones más importantes del escritor novel es el estilo.
En voz de Michel Albalat el estilo es la «manera propia que cada uno
tiene para expresar su pensamiento por medio de la escritura o la
palabra.» Explicación que ayuda en algo a entender esa particular
forma que tiene cada uno de hacer, pero que precisa aún cierto matiz
pues en esta definición parecen fundirse dos conceptos: manera
y estilo. Pero el estilo es
una creación constante y por tanto habría que agregar lo que dice Flaubert
al respecto: «el estilo es la vida, la sangre misma del pensamiento.»
Para Middleton Murrey, «el estilo es una cualidad del lenguaje que
comunica con precisión emociones o pensamientos.» Hallarlo sin embargo
es tarea premiosa que requiere constancia y disciplina —palabras que
leeréis una y otra vez a lo largo de este curso— para ir convirtiendo
nuestra manera de narrar en
algo peculiar y propio.
Claridad,
naturalidad y concisión
Tengamos
en cuenta que a menudo no escribimos con claridad porque no pensamos con
claridad. Esta es la primera condición para escribir bien. La claridad
significa exponer de manera limpia
los acontecimientos que narramos, de manera que el lector llegue sin
esfuerzo a percibir la idea que le proponemos. La naturalidad
es otra virtud apreciada por el narrador solvente, en la medida que huye de la afectación, de lo enrevesado y
artificioso, procurando siempre que las palabras y las frases usadas
sean aquellas que el tema requiere. La concisión nos
obliga a emplear sólo las frases y palabras absolutamente precisas para
expresar lo que deseamos; no hay pues que confundir concisión con
laconismo: ser conciso significa ser denso, en la medida en que cada
frase escrita está cargada de sentido.
Para
lograr un buen estilo es preciso trabajar mucho, escribiendo con
constancia, devoción, pulcritud y sentido crítico. Pero para lograrlo
podemos aconsejar algunas reglas,
aunque cabe hacer la salvedad de que éstas son sólo a título
provisional.
Ejemplo
de lo dicho
La
propuesta de la semana:
Es
horrible, lo sabemos, pero el escritor debe saber enfrentarse incluso a
cosas como la siguiente. En el texto: «Corroboró
que era la hora silente en que los gatos buscaban sus recónditos
refugios entre la bruma del silencio y los portales oscuros de aquella
solitaria calle. Con paso cansino avanzó noche adentro, acariciándo la
cintura deletérea de la soledad que buscaba anidar en su ánimo como un
sobresalto de nostalgias. Llegó a la esquina más cercana y encendió
con briosa intemperancia el cigarrillo que extrajo del bolsillo de su
camisa. La luna, tímida y espectral, asomó entre las nubes. Era la
hora de volver hacia el bar donde lo esperaban aquellos aquienes conocía
desde mucho tiempo atrás y compartían con él visicitudes y
nostalgias…» debemos hallar todas las frases que nos parezcan tópicas,
lentas y cargadas de inexactitud. Una vez ubicadas convirtamos el texto
en algo legible, fresco, escrito con sencillez, naturalidad y concisión.
Hasta
la próxima!
Claridad
No
confundir esta con superficialidad. Para John Gardner la idea expuesta
se tiene que ser tan evidente, se tiene que ver tan nítida como un oso
en una cocina…
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Naturalidad
Naturalidad
y sencillez son dos términos que van de la mano…al menos en
literatura. Sencillo es aquel escritor que usa frases de fácil compresión
para todo el mundo. Un escritor vanidoso, más interesado en demostrar
su amplia cultura y la extensión de su vocabulario rara vez puede
resultar sencillo, y por ende, natural.
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Concisión
Detengámonos
en este punto. Debemos tener en cuenta que en literatura no existen
trabajos cortos o largos, sino buenos o malos textos. Si éste resulta
bien escrito no cansa (lo mal escrito cansa casi de inmediato, aún
siendo breve). No es menester pues quitarle color y riqueza a nuestro
cuento en aras de la concisión, simplemente procurar que cada frase
tenga sentido, sin olvidar que estas son como los eslabones de una
cadena cuyo vigor origina la belleza del estilo.
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Reglas
para lograr un estilo propio
1)
Poner una frase detrás de otra sin distraerse mirando a otros lados:
Olvidarnos de lo superfluo, de ese ripio que enmaraña la buena marcha
del relato. No abusar de
las acotaciones ni de los incisos.
2)
Como dice Horacio Quiroga en su Decálogo del buen cuentista, «No
adjetives sin necesidad. Inútiles srán cuantas colas adhieras a un
sustantivo débil. Si hallas el que es precisa, él, sólo, tendrá un
color incomparable. Pero hay que hallarlo.» Huelgan comentarios.
3)
Huir de las frases vacías: «Sólo crece lo que ha de crecer», es una
frase hueca, o, si prefieres, llena
de nada.
4)
Buscar la fluidez y la rapidez. Un cuento lento que se detiene aquí y
allá, ramoneando entre frases rebuscadas
e indigestas nos desespera porque sentimos que no avanzamos hacia
ningún sitio.
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Ejemplo
de lo dicho
«Sí,
pero quién nos curará del fuego sordo, del fuego sin color que corre
al anocher por la rue de la Huchette, saliendo de los portales
carcomidos, de los parvos zaguanes, del fuego sin imagen que lame las
piedras y acecha en los vanos de las puertas, cómo haremos para
lavarnos de su quemadura dulce que prosigue, que se aposenta para durar
aliada al tiempo y al recuerdo, a las sustancias pegajosas que nos
retienen de este lado, y que nos arderá dulcemente hasta calcinarnos.
Entonces es mejor pactar como los gatos y los musgos, trabar amistad
inmediata con las porteras de roncas voces, con las criaturas pálidas y
sufrientes que acechan en las ventanas jugando con una rama seca.
Ardiendo así sin tregua, soportando la quemadura central que avanza
como la madurez paulatina en el fruto, ser el pulso de una hoguera en
esta maraña de piedra interminable, caminar por las noches de nuestra
vida con la obediencia de la sangre en su circuito ciego.»
En
este párrafo con que se inicia el capítulo 73 «Rayuela», de Julio
Cortázar,
podemos observar que no existen palabras extrañas o rebuscadas, sino
hallazgos interesantes, felices combinaciones («soportando la quemadura
central que avanza como la madurez paulatina en el fruto»…«la
obediencia de la sangre en su circuito ciego») de palabras comunes que
son utilizadas con precisión para definir imágenes ricas y profundas.
Es un pasaje cargado de poesía y densidad, en el que los pensamientos
son encadenados con belleza, sin que ello signfique desmedro de
profundidad.
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Julio
Cortázar