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Lecciones


Lección III:
En busca del lenguaje perdido


En la sesión anterior habíamos dicho que una de las características del buen escritor es su aguda capacidad de observación y la honestidad para relatar las cosas con sus propias palabras. Y es esto precisamente lo que nos lleva a buscar, en esta lección, la mejor forma de descubrir y manejar nuestro lenguaje.

Para lograr una buena historia es menester trabajar con honestidad, es decir, utilizando nuestro propio lenguaje, y no ese artificioso y falso lenguaje del escritor que apela a las frases hechas, a los tópicos y las muletillas. Un buen escritor sabe observar la vida, esforzándose por encontrar sus propias palabras para describirla en toda su intensidad.

Primero:
No hay que limitarse a explicarle al lector lo que le ocurre a nuestro personaje sino que debemos pintar la situación para que él mismo saque sus conclusiones. Huyamos pues de los tópicos y apelemos a nuestra reflexión sobre el mundo que nos rodea para escribir sobre él. La impostura es el primer obstáculo que hay que vencer para que el lector pueda seguirnos sin complicaciones a lo largo de nuestra historia.

Segundo:
También es conveniente prescindir de palabras rebuscadas y difíciles cuando los hechos relatados se pueden contar con palabras sencillas y asequibles. El escritor que, en un alarde de conocimientos dice: "el cielo estaba poblado de estratocúmulos", cuando en realidad lo único que quería decir es que en el cielo habían unas cuantas nubes está cometiendo el peor de los errores: mirar por encima del hombro a su lector.

Ejemplo de lo dicho

La Máxima

Las propuestas
Las propuestas de esta semana tiene que ver con la búsqueda de nuestro lenguaje particular y con nuestra capacidad de observación:
1 Señala en los siguiente párrafos aquellas frases que son tópicas:

· "En la casa todo era silencio. Sus padres estaban consternados por lo que le había ocurrido a Luis. Después de su violenta conducta era inevitable que el largo brazo de la ley cayera sobre él. Así, no tendría más elección que huir al amanecer"

· "Cuando Pedro pudo ver los hermosos ojos de Rosaura encontró en ellos un resplandor maligno que atribuyó a su demencia. Sin embargo, las mejillas arreboladas de la chica parecían transmitir una pureza e inocencia núbil."

· "Aquella cálida sonrisa era su máxima recompensa. Sin embargo nada podía salvarlo ya de lo que le esperaba. Estaba sumido en un hondo pesar."

2 La siguiente propuesta de trabajo consiste en describir (no explicar) a un personaje melancólico, sin mencionar la palabra melancolía.

Hasta la próxima!


Frases hechas, tópicos y muletillas

Nos referimos a esas frases tales como "prorrumpió en un amargo llanto", "su cálida sonrisa", "iba pletórico de alegría", que realmente explican poco de la emoción, actitud o gesto que pretendemos describir, pues están gastadas por el uso y no nos dicen nada.

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Observar la vida

Un personaje de Irving Wallace decía en The Nobel Prize algo así como: "vuelvo a ser otra vez el escritor esponja". La actitud del buen escritor consiste en vivir la vida con los cinco sentidos puestos en ella y no amedrentarse en conocerla a fondo, en verla sin tapujos y sin discriminaciones.

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Ejemplo de lo dicho

Fíjate qué distinto es decir: «Esa mañana Javier salió de su casa feliz y contento. Realmente iba pletórico de alegría», que decir: «esa mañana Javier bajó saltando las escaleras. Al llegar a la calle descubrió un cielo espléndido y azul que le invitó a silbar una canción de moda» En el primer caso hemos utilizado frases que nos invitan más que a ver a nuestro personaje, a escuchar las reflexiones del narrador. En el segundo ejemplo el narrador nos describe la actitud de Javier y de ello inferimos su estado de ánimo.

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La Máxima

"La diferencia entre un buen escritor y un mal escritor radica en que el primero dice grandes cosas con pequeñas palabras y el segundo dice pequeñas cosas con grandes palabras" (Ernésto Sábato)

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